Sopla la brisa y suspiramos. La noche ha hecho que el mar esté en calma y eso ambos lo agradecemos. La luna acompaña con el suspiro, y yo soy la que lo agradece.
La roca en la que nos sentamos no es precisamente la mas cómoda, menos aún la menos húmeda, pero prefiero eso a una terraza en un bonito hotel, prefiero eso a una cena, a un obsequio. Lo prefiero a todo. Vuelvo, quizás, a agradecerlo.
Miro al horizonte, y vuelvo la mirada a sus ojos. "¿Se puede llegar a ver el horizonte de noche?" me pregunto a mi misma. No recuerdo si escapé de su pupila para corroborarlo.
Empieza a sonar la guitarra y él ya ladea la cabeza sonriendo. Sabemos perfectamente, aunque no lo hayamos dicho aun, porqué estamos sentados en esa piedra. Lo agradecemos.
Pone la mirada fija al mar. Intenta sentir las notas. Intenta. Me mira con unos ojos llorosos y comienza a observar las cuerdas. No llora por dolor. No llora por él. No llora por la música. Lo agradezco.
Sabemos que es el momento que él llevaba esperando durante un tiempo.
Le miro: no de esas miradas que simplemente expresan, sino una que transmite. Una que podría decirle: "estoy aquí para sonreírte, estoy aquí para que sonrías conmigo"; o quizás un " sabes que eres la única persona en la que pienso. Mi fuente de inspiración. Mi luz. Mi guía". Podría decirle cosas tantas cosas con esa mirada.
Mi sonrisa se ladea. Me la devuelve. Ya me ha hecho feliz. No sabe cuanto se lo agradezco.
Es ahora él el que me mira. La misma intención de transmitir. Una pena que no expresase lo mismo.
Comprendo ahora el suspiro de la luna. Me levanto. Le dejo atrás. Me lo agradece.
Al menos se que soy capaz, de volver a escribir cosas minimamente bonitas, aun con final trágico.Una pena que todo esto sea mentira.
No se en que mundo vivo. Lo agradezco.